07 abril 2009

GLORIA MARÍA TOMÁS Y GARRIDO

Gloria María Tomas y Garrido, "profesora" de bioética de la Universidad Católica San Antonio de Murcia se atrevió recientemente a calificar a las personas homosexuales de "enfermos" y "pervertidos" en una conferencia pública dirigida a los estudiantes de la Universidad de Alicante.

Aunque huelgue decir que el respeto a la libertad de cátedra debe ser respetado, clama al cielo que alguien pueda tener derecho a disfrazar sus postulados homófobos y ultracatólicos de verdades científicas con el objeto de atacar y menospreciar a las personas por cuestiones de orientación sexual.

Deberíamos exigir que esta buena señora demuestre sus afirmaciones con argumentos científicos válidos o que sea vetada de las universidades por ser un peligro público para una sociedad que poco a poco despierta de la oscura noche de los tiempos en la que la libertad de las personas para hacer con su cuerpo y con su vida lo que mejor les parezca estaba supeditada legalmente a opiniones tan abusivas, sesgadas, homófobas y erradas como las suyas.

Podéis enviar emails y cartas pidiendo su destitución a las siguientes direcciones:

Universidad Católica San Antonio de Murcia
Rectora Magnífica
Excma. Sra. D.ª Josefina García Lozano
Campus de los Jerónimos s/n, 30107 GUADALUPE (MURCIA)
Correo electrónico: rectorado@ucam.edu
VIDEOS DE LA CONFERENCIA



24 mayo 2008

CIUDAD CERO (Ángel González)

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años -que eran
la quinta parte de toda mi vida-,
yo había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
-papeles y retratos
en medio de la calle...
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.