24 mayo 2008

CIUDAD CERO (Ángel González)

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años -que eran
la quinta parte de toda mi vida-,
yo había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
-papeles y retratos
en medio de la calle...
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

2 comentarios:

FER dijo...

Hermoso poema. Por suerte también hay momentos que siembran valentía, paciencia y ganas de reír. Así, como ruedas dentadas del engranaje que nos mueve, con todo ese "caos" construimos nuevos y hermosos paisajes por los que transitar. La vida en construcción que a veces duele tanto y otras...ay!
Este blog pinta muy pero que muy bien.
Saludos

CIUDADANO ZERO dijo...

No sé, nace sin ninguna pretensión. De todas formas, se agradece la confianza puesta en él. Espero no defraudar.
Bicos.